¿Supone un estigma para niños, adolescentes o padres acudir al psicólogo?

La respuesta a esta pregunta es difícil, y me encantaría responder con un NO rotundo. Pero la realidad es bien distinta. Estamos rodeados de incomprensión respecto a la psicología y psicoterapia en general,  y es posible que tanto padres como hijos se topen con la espontánea valoración del vecino, o el juicio de turno de otras mamás.

Cuando un padre o una madre sospecha que algo va mal en el desarrollo o comportamiento de su hijo es muy probable que le inunden sentimientos de preocupación, ansiedad, culpabilidad… Si a esto le añadimos la ignorancia del vecino con su correspondiente mirada y/o comentario inquisidor, puede que el resultado final de tanta preocupación sea la decisión de que “todo quede en casa”, de puertas para adentro, y nadie se atreva ni a preguntar siquisiera si todo anda bien. Suele pasar que los problemas, lejos de desaparecer, suelen agravarse. Y en el caso de terapias con niños, mucho me temo que el tiempo corre en contra. Entendemos que no es lo mismo acudir al especialista y pedir ayuda cuando un niño tiene tres años, a acudir cuando tiene 15 y está totalmente descontrolado.

Es labor de todos tratar de desestigmatizar y naturalizar el acto de consultar cuando surge cualquier duda de salud. Ya sea en relación al comportamiento de un niño, o una simple inflamación de garganta ¿dónde esta la diferencia? Por alguna razón, preguntar por  lo primero es infinitamente más angustiante…

Asi que por favor, por el bien de sus hijos y de nuestra sociedad futura, aléjense del vecino y la mamá prejuiciosa del parque…  Y trate de escuchar a su corazón, y a su instinto. Puede que a la larga, se alegre.

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OBSERVA

Mucho se ha escrito sobre la importancia del juego, y con razón. El juego de un niño no sólo le sirve a él como herramienta, sino también a nosotros para saber en qué momento evolutivo se encuentra el niño, respetar ese lugar, y tratar de entender porque se encuentra allí. Los niños muestran muchas cosas con su juego y a veces, no es necesario ser psicólogo, maestro o tener  una formación específica para “intuir” si todo va bien o no… Tan sólo hay que observar.

Elsa Vs. Blancanieves

Hoy día internacional de las mujeres, me parece oportuno compartir algunas ideas que absorbí gracias al taller realizado por la Asociación ASMI Alicante, en el que muy inteligentemente se retrataron algunos aspectos relacionados con el sexo femenino, entre ellos la hipersexualización de nuestros hijos, y más especialmente de nuestras HIJAS.

Me parece un tema tan interesante como inquietante como madre. Y es que si nos detenemos un minuto a analizar a grandes rasgos los dibujitos que ven nuestras pequeñas es fácil darse cuenta de cuanto ha cambiando el asunto en los últimos 50 años…

En la portada vemos una imágen de la archiconocida Elsa de Frozen, y a la derecha una tierna Blancanieves. Podríamos sacar muchas diferencias pero la más llamativa a mi entender son las curvas. Elsa es toda una mujercita con atributos y de estética impecable,  mientras que Blancanieves tiene un cuerpo bastante infantil. ¿Casualidad? No lo creo, porque además de ser una norma entre los personajes femeninos de las películas top ten del momento..  resulta que en la actualidad ocurren algunos “incidentes” a mi entender bastante extraños, como por ejemplo la retirada de catálogos Primark donde además de aparecer niñas en pose muy sugerente, se intentaban vender bikinis con relleno para niñas de 7 años!! Sí, no ha sido un error… es un siete. Siete años.  Es inaudita la cantidad de imágenes sexuales que merodean constantemente a los niños en general, y a las niñas en particular ( fácilmente se podría relacionar  éstas imágenes con el papel de las mujeres como objetos)

Y es que entre unos y otros nos estamos cargando la infancia. Ya no hay periodo de latencia sexual en el que desde los 7 hasta la pubertad uno estaba ocupándose de jugar, de ser simplemente niño o niña, en definitiva de aprender, dejando el sexo de lado. No. Ahora tenemos la llamada PRE-adolescencia.  Ahora resulta que las niñas necesitan sujetadores con relleno en su séptimo cumpleaños . Y si vamos a una juguetería a comprar un patín, o unos patines (no hay nada más unisex que ésto) nos encontramos con opción A (patines en azul) y opción B (patines en rosa) ¿y por que no verde, o naranja? Amiga mía, si fueran verdes no sentiríamos la obligación de comprar otros para el hermanito o hermanita cuando se diera el caso. Y al final todo se reduce a eso… a comprar, y al dinero.

Esto, añadido a los techos de crital, brecha salarial, escasa representación política, y un largo etc. de cosas que me cabrean, ha hecho que la huelga del día de hoy tenga todo mi apoyo incondicional y que mi excepcional, guapo, valiente  y maravilloso marido, acepte las consecuencias con relativo agrado y resignación  🙂 ¡Feliz día queridas mías!

Cómo destetar a una criatura y no morir en el intento

Mucho se habla de la lactancia hoy en día. Concretamente de lo maravilloso que es dar teta. Hasta la mismísima OMS se pronunció hace tiempo con un: “mínimo dos años, por favor”. Es bueno sí, pero también duro. Sobre todo si tu criatura tiene un enganche importante, no se sabe si a la leche, al envase o al acto en sí. Probablemente a todo un poco.

Para mi personalmente ha sido muy difícil llegar a la marca. Dos años es mucho tiempo. No es fácil estar 100% disponible en todo momento para “servir” el producto a intervalos de 10 minutos y ha sido motivo de algún que otro “enfado” entre las dos… Aun con baches, lo hemos conseguido, y no sólo eso, sino que también hemos conseguido un “desenganche” relativamente satisfactorio para ambas partes.

En mi opinión nos ha sentado de maravilla… y ha resultado menos traumatico de lo esperado, dadas las circunstancias (mi hija era una auténtica yonki de la teta) Por si esta información pudiera ser útil a alguna otra mamá, voy a relatar el proceso. Los manuales de psicología y crianza con apego, tienen una máxima preciosa a este respecto : “no ofrecer, no negar”. La frase está muy bien. Pero si vuestros hijos se parecen a los míos, con este lema les seguiríais dando teta hasta los 12 años ¿Qué hicimos? Por supuesto no ofrecer, y cuando ella lo pedía, la técnica consistía básicamente en escurrir el bulto….  Distraerla con otra cosa. A veces lo conseguía, otras veces no. En nuestro caso el mayor problema lo teníamos básicamente de noche. Nos costó más de un disgusto cambiar el ritual de sueño. Y, al contrario de lo que dice la teoría sinceramente creo que la teta sí juega un papel importante en relación a la calidad de sueño y el número de despertares de un bebé (dejas la teta, y sorprendentemente duermes más y mejor)  Cuando llevas casi dos años sin dormir bien, este puede ser un premio importante para toda la familia. Ya que seamos sinceras,… ¿Alguien es capaz de sonreír y disfrutar de la vida y de sus hijos con una media de entre 4 y 5 despertares cada noche?… Despertares de esos que te fríen, de los que te pillan en fase REM viendo colorines, de esos que parecen doler físicamente y casi casi puedes notar los circuitos fundidos en el cerebro? Yo desde luego no lo era.

En fin, así, “esucurriendo el bulto”, estuvimos más de dos meses reduciendo la dosis… Hasta que un día, por fin, me levanté decidida a cortar el grifo del todo y trabajar por mi bien, y el de los míos. Opté por el truco de las tiritas. Amanecí  ante ella con dos tiritas en cada pezón (como pezoneras os aseguro que no tienen desperdicio. Menos mal que mi marido Manuel Spartan es espartano y ya está curado de espanto) y le expliqué a mi querida Valeria que tenía mucha pupa en las tetis. Ella toda mimosa me dió un besito y me dijo “ya está mamá”, como para consolarme… El día fue muy bien, de vez en cuando me pedía, yo le contestaba que tenía pupa y en lugar de insistir me daba otro besito sobre las tiritas. El problema vino por la noche. Cuando quería dormirse y su forma favorita en el mundo entero seguía siendo con una teta en la boca. Ahí perdió la paciencia. Nos costó un chaparrón y buenos lloros aprender a dormir sin ella. Los cuentos parecían ayudar… pero en cuanto se acababa el cuento, y nos acostábamos juntas, otra vez a llorar. Y allí no dormía nadie. Pero bueno, al final lo conseguimos. En mi opinión, es buena táctica empezar alguna noche en la que notéis que están muy cansados. Así no tendrán más remedio que rendirse y la batalla no se alargará demasiado. La segunda noche todo resulta infinitamente más rápido y fácil. Eso sí, cuando la contienda dé comienzo no os echéis atrás. Acompañar, acariciar, besar a vuestro hijo y entender sus lloros y su tristeza ante el cambio. Pero pase lo que pase no desabrochéis ningún sujetador, o perderéis ésta y otras mil batallas.

Mamá, no quiero ir al cole

Septiembre, ese mes tan odiado y deseado a la vez. Capaz de dejar el bolsillo tiritando y la casa en silencio. El tan esperado “momento cole” llega por fin y todos nos despedimos con una mezcla entre pena y alivio de nuestros hijos. Y ellos, de estar 24 horas con nosotros, sin planes, ni preocupaciones ni horarios excesivamente rígidos pasan nada más y nada menos que a las 6 horas lectivas de rigor diarias. Hace poco vi parte del documental de Michael Moore sobre la educación en Finlandia. Por lo visto allí han conseguido reducir la jornada educativa a mínimos (tengo entendido que no supone más de 3 horas, incluyendo el almuerzo) Por supuesto tampoco tienen deberes, y parece que les va infinitamente mejor que a nosotros los españoles, Reyes del absentismo y el fracaso escolar. Mientras ellos se esfuerzan por añadir diversión, restar exigencia y olvidarse de los exámenes nosotros no sólo nos empeñamos en estructurar jornadas de 6 horas sino que además los atiborramos a deberes y los apuntamos a 3,4 o incluso 5 actividades extra escolares. Si además añadimos las horas de comedor nos plantamos en 8 horas, cinco días a la semana ¿Pero qué nos está pasando? ¿Qué demonios nos ha hecho la infancia para asesinarla de este modo?

Estas 8 horas las “sufren” niños de tres años pero para ser totalmente sinceros, antes de esta edad tampoco es que les demos mucha tregua… Hace algún tiempo se publicó la invención de una especie de aparatito cuya función era ser colocado en la vagina de las mujeres embarazadas para que el feto pudiera escuchar música (a buen volumen, imagino) ¿Pero es que nos hemos vuelto locos? ¿A nadie se le ha ocurrido que quizás… sólo quizás, el feto es feto y por ello debe de estar aislado de estímulos y bien protegido dentro de la barriga de su madre? ¿Qué derecho tenemos a perturbar este aislamiento? ¡y encima en nombre de su futuro bienestar!

Es como si todos los padres nos hubiéramos puesto un dorsal en una absurda y poco solidaria carrera en la que nuestros hijos son competitivos corredores y nosotros nos llevamos la gloria… Su gloria. POR DELANTE. Pero claro para prepararles para la victoria hay que exprimirles bien a fondo, tienen que hincar codos, ir a clases de piano, fútbol, matemáticas, ingles, etc, etc.

No nos engañemos, no es más que una estúpida lucha por controlarlo todo. Queremos hacer que tengan lo mejor, y sean los mejores. Todos queremos un Cristiano Ronaldo, o un Vivaldi en casa. Lo triste del asunto es que al intentarlo no conseguimos ganadores ni Vivaldi’s, sino una auténtica marea de perdedores. Niños ansiosos, frustrados, agobiados, estresados, niños que quizás en un principio disfrutaban con actividades espontáneas, intuitivas, desestructuradas y que sus padres o profesores, en un intento de control obsesivo, han terminado por convertirlas en deberes. Alguien en algún momento del caminó metió la pata de lleno y logró transformar PASIÓN en DEBER, LIBERTAD en CONTROL. Ahora y por el momento, no nos queda otra que asumir las consecuencias de ese ejercicio tan tristemente habitual en nuestro tiempo como es mancillar la infancia de nuestros hijos.

 

 

Cómo ayudar a un niño con Autismo en una crisis

Maternidad Atípica

Si un niño con Autismo tiene una crisis:

niño tapandose oidos*Favorece para que solo se quede a consolarlo una persona, la que sea más cercana a él. Las personas se acercan con intención de ayudar, pero eso es probable que lo altere mas aún, por mas que se acerquen amorosamente, él se sentirá acechado.

Permitile intimidad: que no se acerquen más personas, mientras más movimiento, voces y miradas, más nervioso se va a poner. A veces se ayuda mas haciendo que los demás se retiren, que estando presente.

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¿JUGAMOS?

Jugar… ¡Qué bonita palabra! No se vosotros, pero cuando me preguntan cómo se puede saber si un niño es feliz, me viene a la mente la típica imagen de niños jugando juntos en parques verdes y soleados.  Y es que ya lo decía Rebeca Wild, “Si los niños juegan, es síntoma de que están sanos”.

Por desgracia, los tiempos que vivimos a veces ponen trabas a tan saludables menesteres. Nuestras teles, tablets y móviles absorben tiempo, cual vampiros sangre. Y entre el horario escolar, los deberes (ridículamente extensos, aunque ese es otro tema) y las tentaciones tecnológicas de cada casa… ¿Qué nos queda? Pues a veces poco, y en ocasiones nada.

Y es que las casas están llenas de cajas tontas. Y no quiero ser hipócrita ¡La mía la primera! Vivo en una casa con 4 televisiones. Si hay alguien en casa, al menos una está encendida, y a menudo me refiero cariñosamente a mi marido como “eltontolasteles” debido a su pasión por poseer cual tesoros últimos modelos recién salidos del mercado.

Seguro que a más de uno y una le suena. Pues bien, hay que ser consciente del riesgo.

Resulta toda una tentación llegar a casa, encender el último modelo de cajita super size, elegir a Pepa Pig, pocoyo, caillou, o el que esté de moda y que nuestro retoño se siente embobado durante horas sin dar la lata. Todo aquel que puede decir que es padre o madre sabe de lo que hablo. Qué descanso sí, pero como todo en esta vida, tiene un precio.

Y alguno me dirá, ¿Pero qué demonios tiene de malo que mi hijo vea dibujos super educativos en su tele o tablet? La cuestión no está en que los dibujos no resulten apropiados. A menudo lo son. Ese no es el problema. Lo “cuestionable” del asunto no está en lo que se está haciendo en ese momento, sino en lo que se está dejando de hacer. En otras palabras, el tiempo que un niño está frente al televisor, es tiempo de juego perdido.

Y es que a menudo subestimamos la importancia del juego en los niños. Un claro ejemplo de ello es ver a mamás estresadas llevando en coche a sus pequeños a cientos de actividades extraescolares. Que si clases de piano, karate, fútbol, ballet, inglés, alemán… ¡Como si las seis horas lectivas de rigor más la tanda de deberes pusieran fácil eso de jugar con los amigos! Este es el ejemplo más claro de menosprecio al juego. Otro, algo más sutil, es enchufar la tele durante horas. Y digo horaS en plural porque tampoco quiero exagerar. Ciertamente hay una gran oferta de dibujos en la actualidad que podrían incluso transmitir alguna que otra idea positiva. Y poco tiene de malo, siempre que no se abuse de ello.

La neurociencia ha demostrado en numerosas ocasiones que los juguetes caros, educativos e inteligentes no son los responsables del “espabile” natural de nuestros hijos sino que éste está más relacionado con la calidad de su juego. El niño al que se le brinda la oportunidad de jugar, la aprovecha para desarrollar destrezas, recordar acontecimientos, interiorizar normas sociales, e integrar experiencias que es capaz de representar solo o con amigos. Esto sí es poner el cerebro a hacer pesas. Y no solo eso, también se ha demostrado que el hecho de representar situaciones vividas mediante el juego sirve también para procesarlas y asimilar cualquier tipo de herida emocional que haya podido surgir.

Hace meses mi hijo liaba la de Dios cada vez que acudía al médico. Odiaba la visita en general pero el momento crítico solía ser cuando el señor de bata blanca le abría a la fuerza la boca con su amenazador palito. Al cumplir los tres años y gracias a la aparición del juego simbólico, empezamos a jugar a los médicos. A veces él era el doctor y yo la paciente y al revés. Pusimos vacunas, tiritas y nos abríamos mutuamente la boca con un palo. Practicamos tanto nuestros respectivos roles que ahora acude de buena gana a ver a su doctor y no sólo eso, se muestra tan colaborador a la hora de abrir ampliamente la boca que Santiago, su médico, le regala directamente el palo sin haberlo usado. A la salida solía mostrarlo orgulloso, puesto que sabía que era bastante más que eso, más bien un trofeo, una prueba física de su valentía durante una situación difícil.

Estoy convencida de que la situación cambió gracias al “jueguecito” y de que un capítulo de Pepa Pig sobre médicos, por muy educativo que sea, tampoco hubiera conseguido lo mismo.

Así que ojito a las pantallas, que divertirse es un asunto serio, y lo más saludable, interesante, creativo, y sensacional puede surgir con el simple gesto de tirarnos a la alfombra con ellos.