¿QUIERES CONOCER A UN NIÑO?

Pídele un dibujo.

Así de simple. Si quieres saber de un niño, es la forma más divertida y menos intrusiva de obtener información acerca de su personalidad, miedos, preocupaciones, afectos, etc.

Existen muchas y diversas claves a la hora de analizar un dibujo (ya sea de un niño, o de un adulto) La intención es ir ofreciendo algunas de ellas. Pero si algo he descubierto con este blog es que los textos largos dan muuuucha pereza. Así que en la presente publicación daremos la primera clave, y así sucesivamente (el tema del dibujo da para mucho).

La primera y valiosa clave para analizar cualquier obra artística infantil es la FORMA.

Sí, la forma en la que se construye un boceto. Cuando pides a un niño que te haga un dibujo, las reacciones pueden ser muy variadas. Hay niños inhibidos que espontáneamente se declaran incapaces de hacerlo, o bien no pueden empezar si no se hacen antes con un lápiz y una goma. Esto de por sí ya es muy revelador. También pueden observarse momentos de inactividad o duda una vez que se ha comenzado. Todas las reacciones afectivas que vayan surgiendo durante la ejecución son significativas ¿Hay reacciones de malhumor, tristeza, alegría o rabia? ¿Qué estaba dibujando el niño en ese momento? Probablemente exista conexión entre el contenido y la emoción expresada.

 

Green Doodle Stick Figures Daycare Menu

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MARKETING PARA NIÑOS

Cuando dejamos nuestra tablet al nene (esto bien merece otro post independiente) es muy probable que acabe en ese fantástico mundo que es Youtube. Si tiene menos de 5 años, en el mejor de los casos acaba viendo vídeos horribles en los que una señorita con voz desagradable e infantil abre un juguete tras otro. Bien. Esta fantástica sociedad de consumo haciendo ya de las suyas, creando necesidades en futuros clientes que ya son capaces de hablar y repetir hasta la saciedad “Mamá cómprame eso”.

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¿Supone un estigma para niños, adolescentes o padres acudir al psicólogo?

La respuesta a esta pregunta es difícil, y me encantaría responder con un NO rotundo. Pero la realidad es bien distinta. Estamos rodeados de incomprensión respecto a la psicología y psicoterapia en general,  y es posible que tanto padres como hijos se topen con la espontánea valoración del vecino, o el juicio de turno de otras mamás.

Cuando un padre o una madre sospecha que algo va mal en el desarrollo o comportamiento de su hijo es muy probable que le inunden sentimientos de preocupación, ansiedad, culpabilidad… Si a esto le añadimos la ignorancia del vecino con su correspondiente mirada y/o comentario inquisidor, puede que el resultado final de tanta preocupación sea la decisión de que “todo quede en casa”, de puertas para adentro, y nadie se atreva ni a preguntar siquisiera si todo anda bien. Suele pasar que los problemas, lejos de desaparecer, suelen agravarse. Y en el caso de terapias con niños, mucho me temo que el tiempo corre en contra. Entendemos que no es lo mismo acudir al especialista y pedir ayuda cuando un niño tiene tres años, a acudir cuando tiene 15 y está totalmente descontrolado.

Es labor de todos tratar de desestigmatizar y naturalizar el acto de consultar cuando surge cualquier duda de salud. Ya sea en relación al comportamiento de un niño, o una simple inflamación de garganta ¿dónde esta la diferencia? Por alguna razón, preguntar por  lo primero es infinitamente más angustiante…

Asi que por favor, por el bien de sus hijos y de nuestra sociedad futura, aléjense del vecino y la mamá prejuiciosa del parque…  Y trate de escuchar a su corazón, y a su instinto. Puede que a la larga, se alegre.

OBSERVA

Mucho se ha escrito sobre la importancia del juego, y con razón. El juego de un niño no sólo le sirve a él como herramienta, sino también a nosotros para saber en qué momento evolutivo se encuentra el niño, respetar ese lugar, y tratar de entender porque se encuentra allí. Los niños muestran muchas cosas con su juego y a veces, no es necesario ser psicólogo, maestro o tener  una formación específica para “intuir” si todo va bien o no… Tan sólo hay que observar.

Elsa Vs. Blancanieves

Hoy día internacional de las mujeres, me parece oportuno compartir algunas ideas que absorbí gracias al taller realizado por la Asociación ASMI Alicante, en el que muy inteligentemente se retrataron algunos aspectos relacionados con el sexo femenino, entre ellos la hipersexualización de nuestros hijos, y más especialmente de nuestras HIJAS.

Me parece un tema tan interesante como inquietante como madre. Y es que si nos detenemos un minuto a analizar a grandes rasgos los dibujitos que ven nuestras pequeñas es fácil darse cuenta de cuanto ha cambiando el asunto en los últimos 50 años…

En la portada vemos una imágen de la archiconocida Elsa de Frozen, y a la derecha una tierna Blancanieves. Podríamos sacar muchas diferencias pero la más llamativa a mi entender son las curvas. Elsa es toda una mujercita con atributos y de estética impecable,  mientras que Blancanieves tiene un cuerpo bastante infantil. ¿Casualidad? No lo creo, porque además de ser una norma entre los personajes femeninos de las películas top ten del momento..  resulta que en la actualidad ocurren algunos “incidentes” a mi entender bastante extraños, como por ejemplo la retirada de catálogos Primark donde además de aparecer niñas en pose muy sugerente, se intentaban vender bikinis con relleno para niñas de 7 años!! Sí, no ha sido un error… es un siete. Siete años.  Es inaudita la cantidad de imágenes sexuales que merodean constantemente a los niños en general, y a las niñas en particular ( fácilmente se podría relacionar  éstas imágenes con el papel de las mujeres como objetos)

Y es que entre unos y otros nos estamos cargando la infancia. Ya no hay periodo de latencia sexual en el que desde los 7 hasta la pubertad uno estaba ocupándose de jugar, de ser simplemente niño o niña, en definitiva de aprender, dejando el sexo de lado. No. Ahora tenemos la llamada PRE-adolescencia.  Ahora resulta que las niñas necesitan sujetadores con relleno en su séptimo cumpleaños . Y si vamos a una juguetería a comprar un patín, o unos patines (no hay nada más unisex que ésto) nos encontramos con opción A (patines en azul) y opción B (patines en rosa) ¿y por que no verde, o naranja? Amiga mía, si fueran verdes no sentiríamos la obligación de comprar otros para el hermanito o hermanita cuando se diera el caso. Y al final todo se reduce a eso… a comprar, y al dinero.

Esto, añadido a los techos de crital, brecha salarial, escasa representación política, y un largo etc. de cosas que me cabrean, ha hecho que la huelga del día de hoy tenga todo mi apoyo incondicional y que mi excepcional, guapo, valiente  y maravilloso marido, acepte las consecuencias con relativo agrado y resignación  🙂 ¡Feliz día queridas mías!

Cómo destetar a una criatura y no morir en el intento

Mucho se habla de la lactancia hoy en día. Concretamente de lo maravilloso que es dar teta. Hasta la mismísima OMS se pronunció hace tiempo con un: “mínimo dos años, por favor”. Es bueno sí, pero también duro. Sobre todo si tu criatura tiene un enganche importante, no se sabe si a la leche, al envase o al acto en sí. Probablemente a todo un poco.

Para mi personalmente ha sido muy difícil llegar a la marca. Dos años es mucho tiempo. No es fácil estar 100% disponible en todo momento para “servir” el producto a intervalos de 10 minutos y ha sido motivo de algún que otro “enfado” entre las dos… Aun con baches, lo hemos conseguido, y no sólo eso, sino que también hemos conseguido un “desenganche” relativamente satisfactorio para ambas partes.

En mi opinión nos ha sentado de maravilla… y ha resultado menos traumatico de lo esperado, dadas las circunstancias (mi hija era una auténtica yonki de la teta) Por si esta información pudiera ser útil a alguna otra mamá, voy a relatar el proceso. Los manuales de psicología y crianza con apego, tienen una máxima preciosa a este respecto : “no ofrecer, no negar”. La frase está muy bien. Pero si vuestros hijos se parecen a los míos, con este lema les seguiríais dando teta hasta los 12 años ¿Qué hicimos? Por supuesto no ofrecer, y cuando ella lo pedía, la técnica consistía básicamente en escurrir el bulto….  Distraerla con otra cosa. A veces lo conseguía, otras veces no. En nuestro caso el mayor problema lo teníamos básicamente de noche. Nos costó más de un disgusto cambiar el ritual de sueño. Y, al contrario de lo que dice la teoría sinceramente creo que la teta sí juega un papel importante en relación a la calidad de sueño y el número de despertares de un bebé (dejas la teta, y sorprendentemente duermes más y mejor)  Cuando llevas casi dos años sin dormir bien, este puede ser un premio importante para toda la familia. Ya que seamos sinceras,… ¿Alguien es capaz de sonreír y disfrutar de la vida y de sus hijos con una media de entre 4 y 5 despertares cada noche?… Despertares de esos que te fríen, de los que te pillan en fase REM viendo colorines, de esos que parecen doler físicamente y casi casi puedes notar los circuitos fundidos en el cerebro? Yo desde luego no lo era.

En fin, así, “esucurriendo el bulto”, estuvimos más de dos meses reduciendo la dosis… Hasta que un día, por fin, me levanté decidida a cortar el grifo del todo y trabajar por mi bien, y el de los míos. Opté por el truco de las tiritas. Amanecí  ante ella con dos tiritas en cada pezón (como pezoneras os aseguro que no tienen desperdicio. Menos mal que mi marido Manuel Spartan es espartano y ya está curado de espanto) y le expliqué a mi querida Valeria que tenía mucha pupa en las tetis. Ella toda mimosa me dió un besito y me dijo “ya está mamá”, como para consolarme… El día fue muy bien, de vez en cuando me pedía, yo le contestaba que tenía pupa y en lugar de insistir me daba otro besito sobre las tiritas. El problema vino por la noche. Cuando quería dormirse y su forma favorita en el mundo entero seguía siendo con una teta en la boca. Ahí perdió la paciencia. Nos costó un chaparrón y buenos lloros aprender a dormir sin ella. Los cuentos parecían ayudar… pero en cuanto se acababa el cuento, y nos acostábamos juntas, otra vez a llorar. Y allí no dormía nadie. Pero bueno, al final lo conseguimos. En mi opinión, es buena táctica empezar alguna noche en la que notéis que están muy cansados. Así no tendrán más remedio que rendirse y la batalla no se alargará demasiado. La segunda noche todo resulta infinitamente más rápido y fácil. Eso sí, cuando la contienda dé comienzo no os echéis atrás. Acompañar, acariciar, besar a vuestro hijo y entender sus lloros y su tristeza ante el cambio. Pero pase lo que pase no desabrochéis ningún sujetador, o perderéis ésta y otras mil batallas.