Elsa Vs. Blancanieves

Hoy día internacional de las mujeres, me parece oportuno compartir algunas ideas que absorbí gracias al taller realizado por la Asociación ASMI Alicante, en el que muy inteligentemente se retrataron algunos aspectos relacionados con el sexo femenino, entre ellos la hipersexualización de nuestros hijos, y más especialmente de nuestras HIJAS.

Me parece un tema tan interesante como inquietante como madre. Y es que si nos detenemos un minuto a analizar a grandes rasgos los dibujitos que ven nuestras pequeñas es fácil darse cuenta de cuanto ha cambiando el asunto en los últimos 50 años…

En la portada vemos una imágen de la archiconocida Elsa de Frozen, y a la derecha una tierna Blancanieves. Podríamos sacar muchas diferencias pero la más llamativa a mi entender son las curvas. Elsa es toda una mujercita con atributos y de estética impecable,  mientras que Blancanieves tiene un cuerpo bastante infantil. ¿Casualidad? No lo creo, porque además de ser una norma entre los personajes femeninos de las películas top ten del momento..  resulta que en la actualidad ocurren algunos “incidentes” a mi entender bastante extraños, como por ejemplo la retirada de catálogos Primark donde además de aparecer niñas en pose muy sugerente, se intentaban vender bikinis con relleno para niñas de 7 años!! Sí, no ha sido un error… es un siete. Siete años.  Es inaudita la cantidad de imágenes sexuales que merodean constantemente a los niños en general, y a las niñas en particular ( fácilmente se podría relacionar  éstas imágenes con el papel de las mujeres como objetos)

Y es que entre unos y otros nos estamos cargando la infancia. Ya no hay periodo de latencia sexual en el que desde los 7 hasta la pubertad uno estaba ocupándose de jugar, de ser simplemente niño o niña, en definitiva de aprender, dejando el sexo de lado. No. Ahora tenemos la llamada PRE-adolescencia.  Ahora resulta que las niñas necesitan sujetadores con relleno en su séptimo cumpleaños . Y si vamos a una juguetería a comprar un patín, o unos patines (no hay nada más unisex que ésto) nos encontramos con opción A (patines en azul) y opción B (patines en rosa) ¿y por que no verde, o naranja? Amiga mía, si fueran verdes no sentiríamos la obligación de comprar otros para el hermanito o hermanita cuando se diera el caso. Y al final todo se reduce a eso… a comprar, y al dinero.

Esto, añadido a los techos de crital, brecha salarial, escasa representación política, y un largo etc. de cosas que me cabrean, ha hecho que la huelga del día de hoy tenga todo mi apoyo incondicional y que mi excepcional, guapo, valiente  y maravilloso marido, acepte las consecuencias con relativo agrado y resignación  🙂 ¡Feliz día queridas mías!

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Cómo destetar a una criatura y no morir en el intento

Mucho se habla de la lactancia hoy en día. Concretamente de lo maravilloso que es dar teta. Hasta la mismísima OMS se pronunció hace tiempo con un: “mínimo dos años, por favor”. Es bueno sí, pero también duro. Sobre todo si tu criatura tiene un enganche importante, no se sabe si a la leche, al envase o al acto en sí. Probablemente a todo un poco.

Para mi personalmente ha sido muy difícil llegar a la marca. Dos años es mucho tiempo. No es fácil estar 100% disponible en todo momento para “servir” el producto a intervalos de 10 minutos y ha sido motivo de algún que otro “enfado” entre las dos… Aun con baches, lo hemos conseguido, y no sólo eso, sino que también hemos conseguido un “desenganche” relativamente satisfactorio para ambas partes.

En mi opinión nos ha sentado de maravilla… y ha resultado menos traumatico de lo esperado, dadas las circunstancias (mi hija era una auténtica yonki de la teta) Por si esta información pudiera ser útil a alguna otra mamá, voy a relatar el proceso. Los manuales de psicología y crianza con apego, tienen una máxima preciosa a este respecto : “no ofrecer, no negar”. La frase está muy bien. Pero si vuestros hijos se parecen a los míos, con este lema les seguiríais dando teta hasta los 12 años ¿Qué hicimos? Por supuesto no ofrecer, y cuando ella lo pedía, la técnica consistía básicamente en escurrir el bulto….  Distraerla con otra cosa. A veces lo conseguía, otras veces no. En nuestro caso el mayor problema lo teníamos básicamente de noche. Nos costó más de un disgusto cambiar el ritual de sueño. Y, al contrario de lo que dice la teoría sinceramente creo que la teta sí juega un papel importante en relación a la calidad de sueño y el número de despertares de un bebé (dejas la teta, y sorprendentemente duermes más y mejor)  Cuando llevas casi dos años sin dormir bien, este puede ser un premio importante para toda la familia. Ya que seamos sinceras,… ¿Alguien es capaz de sonreír y disfrutar de la vida y de sus hijos con una media de entre 4 y 5 despertares cada noche?… Despertares de esos que te fríen, de los que te pillan en fase REM viendo colorines, de esos que parecen doler físicamente y casi casi puedes notar los circuitos fundidos en el cerebro? Yo desde luego no lo era.

En fin, así, “esucurriendo el bulto”, estuvimos más de dos meses reduciendo la dosis… Hasta que un día, por fin, me levanté decidida a cortar el grifo del todo y trabajar por mi bien, y el de los míos. Opté por el truco de las tiritas. Amanecí  ante ella con dos tiritas en cada pezón (como pezoneras os aseguro que no tienen desperdicio. Menos mal que mi marido Manuel Spartan es espartano y ya está curado de espanto) y le expliqué a mi querida Valeria que tenía mucha pupa en las tetis. Ella toda mimosa me dió un besito y me dijo “ya está mamá”, como para consolarme… El día fue muy bien, de vez en cuando me pedía, yo le contestaba que tenía pupa y en lugar de insistir me daba otro besito sobre las tiritas. El problema vino por la noche. Cuando quería dormirse y su forma favorita en el mundo entero seguía siendo con una teta en la boca. Ahí perdió la paciencia. Nos costó un chaparrón y buenos lloros aprender a dormir sin ella. Los cuentos parecían ayudar… pero en cuanto se acababa el cuento, y nos acostábamos juntas, otra vez a llorar. Y allí no dormía nadie. Pero bueno, al final lo conseguimos. En mi opinión, es buena táctica empezar alguna noche en la que notéis que están muy cansados. Así no tendrán más remedio que rendirse y la batalla no se alargará demasiado. La segunda noche todo resulta infinitamente más rápido y fácil. Eso sí, cuando la contienda dé comienzo no os echéis atrás. Acompañar, acariciar, besar a vuestro hijo y entender sus lloros y su tristeza ante el cambio. Pero pase lo que pase no desabrochéis ningún sujetador, o perderéis ésta y otras mil batallas.

Mamá, no quiero ir al cole

Septiembre, ese mes tan odiado y deseado a la vez. Capaz de dejar el bolsillo tiritando y la casa en silencio. El tan esperado “momento cole” llega por fin y todos nos despedimos con una mezcla entre pena y alivio de nuestros hijos. Y ellos, de estar 24 horas con nosotros, sin planes, ni preocupaciones ni horarios excesivamente rígidos pasan nada más y nada menos que a las 6 horas lectivas de rigor diarias. Hace poco vi parte del documental de Michael Moore sobre la educación en Finlandia. Por lo visto allí han conseguido reducir la jornada educativa a mínimos (tengo entendido que no supone más de 3 horas, incluyendo el almuerzo) Por supuesto tampoco tienen deberes, y parece que les va infinitamente mejor que a nosotros los españoles, Reyes del absentismo y el fracaso escolar. Mientras ellos se esfuerzan por añadir diversión, restar exigencia y olvidarse de los exámenes nosotros no sólo nos empeñamos en estructurar jornadas de 6 horas sino que además los atiborramos a deberes y los apuntamos a 3,4 o incluso 5 actividades extra escolares. Si además añadimos las horas de comedor nos plantamos en 8 horas, cinco días a la semana ¿Pero qué nos está pasando? ¿Qué demonios nos ha hecho la infancia para asesinarla de este modo?

Estas 8 horas las “sufren” niños de tres años pero para ser totalmente sinceros, antes de esta edad tampoco es que les demos mucha tregua… Hace algún tiempo se publicó la invención de una especie de aparatito cuya función era ser colocado en la vagina de las mujeres embarazadas para que el feto pudiera escuchar música (a buen volumen, imagino) ¿Pero es que nos hemos vuelto locos? ¿A nadie se le ha ocurrido que quizás… sólo quizás, el feto es feto y por ello debe de estar aislado de estímulos y bien protegido dentro de la barriga de su madre? ¿Qué derecho tenemos a perturbar este aislamiento? ¡y encima en nombre de su futuro bienestar!

Es como si todos los padres nos hubiéramos puesto un dorsal en una absurda y poco solidaria carrera en la que nuestros hijos son competitivos corredores y nosotros nos llevamos la gloria… Su gloria. POR DELANTE. Pero claro para prepararles para la victoria hay que exprimirles bien a fondo, tienen que hincar codos, ir a clases de piano, fútbol, matemáticas, ingles, etc, etc.

No nos engañemos, no es más que una estúpida lucha por controlarlo todo. Queremos hacer que tengan lo mejor, y sean los mejores. Todos queremos un Cristiano Ronaldo, o un Vivaldi en casa. Lo triste del asunto es que al intentarlo no conseguimos ganadores ni Vivaldi’s, sino una auténtica marea de perdedores. Niños ansiosos, frustrados, agobiados, estresados, niños que quizás en un principio disfrutaban con actividades espontáneas, intuitivas, desestructuradas y que sus padres o profesores, en un intento de control obsesivo, han terminado por convertirlas en deberes. Alguien en algún momento del caminó metió la pata de lleno y logró transformar PASIÓN en DEBER, LIBERTAD en CONTROL. Ahora y por el momento, no nos queda otra que asumir las consecuencias de ese ejercicio tan tristemente habitual en nuestro tiempo como es mancillar la infancia de nuestros hijos.

 

 

Cómo ayudar a un niño con Autismo en una crisis

Maternidad Atípica

Si un niño con Autismo tiene una crisis:

niño tapandose oidos*Favorece para que solo se quede a consolarlo una persona, la que sea más cercana a él. Las personas se acercan con intención de ayudar, pero eso es probable que lo altere mas aún, por mas que se acerquen amorosamente, él se sentirá acechado.

Permitile intimidad: que no se acerquen más personas, mientras más movimiento, voces y miradas, más nervioso se va a poner. A veces se ayuda mas haciendo que los demás se retiren, que estando presente.

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¿JUGAMOS?

Jugar… ¡Qué bonita palabra! No se vosotros, pero cuando me preguntan cómo se puede saber si un niño es feliz, me viene a la mente la típica imagen de niños jugando juntos en parques verdes y soleados.  Y es que ya lo decía Rebeca Wild, “Si los niños juegan, es síntoma de que están sanos”.

Por desgracia, los tiempos que vivimos a veces ponen trabas a tan saludables menesteres. Nuestras teles, tablets y móviles absorben tiempo, cual vampiros sangre. Y entre el horario escolar, los deberes (ridículamente extensos, aunque ese es otro tema) y las tentaciones tecnológicas de cada casa… ¿Qué nos queda? Pues a veces poco, y en ocasiones nada.

Y es que las casas están llenas de cajas tontas. Y no quiero ser hipócrita ¡La mía la primera! Vivo en una casa con 4 televisiones. Si hay alguien en casa, al menos una está encendida, y a menudo me refiero cariñosamente a mi marido como “eltontolasteles” debido a su pasión por poseer cual tesoros últimos modelos recién salidos del mercado.

Seguro que a más de uno y una le suena. Pues bien, hay que ser consciente del riesgo.

Resulta toda una tentación llegar a casa, encender el último modelo de cajita super size, elegir a Pepa Pig, pocoyo, caillou, o el que esté de moda y que nuestro retoño se siente embobado durante horas sin dar la lata. Todo aquel que puede decir que es padre o madre sabe de lo que hablo. Qué descanso sí, pero como todo en esta vida, tiene un precio.

Y alguno me dirá, ¿Pero qué demonios tiene de malo que mi hijo vea dibujos super educativos en su tele o tablet? La cuestión no está en que los dibujos no resulten apropiados. A menudo lo son. Ese no es el problema. Lo “cuestionable” del asunto no está en lo que se está haciendo en ese momento, sino en lo que se está dejando de hacer. En otras palabras, el tiempo que un niño está frente al televisor, es tiempo de juego perdido.

Y es que a menudo subestimamos la importancia del juego en los niños. Un claro ejemplo de ello es ver a mamás estresadas llevando en coche a sus pequeños a cientos de actividades extraescolares. Que si clases de piano, karate, fútbol, ballet, inglés, alemán… ¡Como si las seis horas lectivas de rigor más la tanda de deberes pusieran fácil eso de jugar con los amigos! Este es el ejemplo más claro de menosprecio al juego. Otro, algo más sutil, es enchufar la tele durante horas. Y digo horaS en plural porque tampoco quiero exagerar. Ciertamente hay una gran oferta de dibujos en la actualidad que podrían incluso transmitir alguna que otra idea positiva. Y poco tiene de malo, siempre que no se abuse de ello.

La neurociencia ha demostrado en numerosas ocasiones que los juguetes caros, educativos e inteligentes no son los responsables del “espabile” natural de nuestros hijos sino que éste está más relacionado con la calidad de su juego. El niño al que se le brinda la oportunidad de jugar, la aprovecha para desarrollar destrezas, recordar acontecimientos, interiorizar normas sociales, e integrar experiencias que es capaz de representar solo o con amigos. Esto sí es poner el cerebro a hacer pesas. Y no solo eso, también se ha demostrado que el hecho de representar situaciones vividas mediante el juego sirve también para procesarlas y asimilar cualquier tipo de herida emocional que haya podido surgir.

Hace meses mi hijo liaba la de Dios cada vez que acudía al médico. Odiaba la visita en general pero el momento crítico solía ser cuando el señor de bata blanca le abría a la fuerza la boca con su amenazador palito. Al cumplir los tres años y gracias a la aparición del juego simbólico, empezamos a jugar a los médicos. A veces él era el doctor y yo la paciente y al revés. Pusimos vacunas, tiritas y nos abríamos mutuamente la boca con un palo. Practicamos tanto nuestros respectivos roles que ahora acude de buena gana a ver a su doctor y no sólo eso, se muestra tan colaborador a la hora de abrir ampliamente la boca que Santiago, su médico, le regala directamente el palo sin haberlo usado. A la salida solía mostrarlo orgulloso, puesto que sabía que era bastante más que eso, más bien un trofeo, una prueba física de su valentía durante una situación difícil.

Estoy convencida de que la situación cambió gracias al “jueguecito” y de que un capítulo de Pepa Pig sobre médicos, por muy educativo que sea, tampoco hubiera conseguido lo mismo.

Así que ojito a las pantallas, que divertirse es un asunto serio, y lo más saludable, interesante, creativo, y sensacional puede surgir con el simple gesto de tirarnos a la alfombra con ellos.

Los niños malos no existen

Psicólogo infantil Oviedo

¿Sabías que no hay ningún niño malo en la faz de la tierra?

Ningún bebé nace siendo “malo”, ningún niño o niña de 1 año, de 3 años, de 5 años, etc. es malo ni mala.

Pero muchos padres, educadoras, abuelos, adultos en general les hacemos crecer sintiéndose malos porque les decimos sin pensarlo ¡eres malo! cuando han hecho algo que consideramos no adecuado.

Hacemos se crean y sientan malos

a) Un niño de 1 año golpea a otro en la guardería y la profesora le riñe mientras le dice ¡eres malo!

b) Una niña de tres años monta una pataleta en el  supermercado porque su madre no acepta comprarle una piruleta. Su madre sofocada y furiosa le grita , ¡eres mala, pórtate bien!Born Artist

c) Mi hijo de tres años, se empeña en no dar besos a sus abuelos paternos cuando vienen e a visitarlo, así que ellos le dicen eres…

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Ideas contra el aburrimiento: “el tarro del aburrimiento”

Psicólogo infantil Oviedo

Si tienes que ayudar a tu hijo a pensar en alguna cosa que hacer, pásale la responsabilidad creando el Tarro del Aburrimiento, lleno de ideas escritas en trozosPSICOLOGO OVIEDO de papel. Cuando diga que se aburre, tendrá que coger tres papelitos del tarro y elegir una de las actividades. Aquí tienes algunos ejemplos de ideas que podrían estar en su Tarro contra el Aburrimiento:

  • Escribir una carta a la abuela
  • Correr dando vueltas al jardín tres veces
  • Poner algo de música y bailar
  • Escribir en un papel diez cosas que te gustan de cada miembro de tu familia
  • Cepillar al perro o darle un baño
  • Buscar formas en las nubes

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A la caza del superdotado

 No sé si será cosa mía, pero tengo la impresión de que cada vez hay más niños superdotados y cada vez estos niños son más pequeñitos. Esto me ha hecho preguntarme si efectivamente la humanidad está haciéndose más lista o es que el niño superdotado está en “busca y captura”. Las demandas de evaluación psicológica a éste respecto se multiplican y casi siempre están motivadas o bien por los propios padres del renacuajo en cuestión, o bien por parte de algún profesor perspicaz que comparando al alumno con su grupo, advierte una ejecución significativamente mejor. Estas consultas a psicólogos son, como digo, cada vez más tempranas y efectivamente nosotros como buenos profesionales ofrecemos respuestas a las mismas. Sin embargo opino que nuestra respuesta a tiernas edades debe ser cuanto menos “cautelosa”… Cuando unos padres acuden a nosotros con la pregunta de ¿Será mi hijo de 3 años superdotado? La respuesta suele ir asociada a una puntuación, el CI del niño (casi siempre el resultado de un WIPPSI-III, una prueba muy completa que permite obtener un CI total en niños de mínimo 2 años y medio) Sin embargo, yo me pregunto hasta qué punto esa respuesta de Sí o No en función de un resultado igual o mayor a 130 en esta prueba refleja su capacidad cognitiva real o duradera en el tiempo.

Últimamente la estimulación cognitiva está muy de moda. No hago más que escuchar oír hablar sobre cursos de estimulación para bebés, estimulación temprana en guarderías, etc. Y ¡Ojo! Me parece estupendo. Que la gente sea consciente de su importancia y haga uso de ella es una gran noticia. Psicólogos, médicos, y psiquiatras hemos puesto nuestro granito de arena para que así sea. Sin embargo, paralelamente a esta predilección por la estimulación, también me parece percibir en el aire cierta “nube de preocupación” un tanto insana por la educación y la capacidad de nuestros hijos. Una especie de competencia “tácita” entre papás que viene a decir… “Mira cuanto sabe mi hijo… No tiene tres años y sabe todas las capitales del mundo ¿A que el tuyo no hace eso?” O cosas peores… “Mi hijo tiene ocho años  y al salir del cole va a clase de inglés, de alemán, baloncesto y piano” Todo esto después de una dura jornada en el colegio donde además, nuestro excelente sistema educativo se ha encargado de llenar con todo tipo de deberes (en ocasiones bastante absurdos) cualquier posible espacio horario antes destinado a la relajación o el juego.

¿Me lo parece a mí o se nos está yendo un poco la pinza con este tema? No veo a ninguna mamá presumiendo de la salud emocional de su hijo o de su sencilla felicidad, pero sí de su estrés diario, de lo increíblemente bueno que es en esto o aquello, o directamente de su C.I a los tres años…

¿Hasta qué punto ese C.I puede estar condicionado por este entusiasmo colectivo por lo precoz? En ocasiones así es, y puede que a los 6 o 7 años el niño se iguale a su grupo y “deje de ser superdotado” (quizás nunca lo fue y debimos hablar en su día de enriquecimiento ambiental, estimulación, etc.)  Imagino que más de uno habrá pedido explicaciones al psicólogo después… Y es que hay muchos estudios recientes que afirman que cuanto menor es el niño, menos fiable es el C.I y que no sólo éste debería contar a la hora de contestar la gran pregunta, sino que aspectos tales como el potencial de aprendizaje, su creatividad, flexibilidad, metacognición, memoria de trabajo e implicación en la tarea son decisivos y deberían ser elementos imprescindibles en la evaluación psicológica de la inteligencia. Muchos países cuentan con programas protocolarizados estupendos que tienen en cuenta todas estas cosas y se encargan de detectar de forma efectiva las altas capacidades en las aulas y sobre todo de dar una respuesta educativa posterior que se adecue a las características de cada niño. En el nuestro, para variar, brillan por su ausencia, contribuyendo de alguna forma a descargar la “responsabilidad” sobre padres y profesores avispados, y fomentando así esta “cacería caótica” del superdotado.

Método EstiVIL

Creo que todos conocemos las teorías del Dr. Estivil. La venta de sus libros al por mayor, sus conferencias, apariciones en TV y en definitiva la eficacia de sus métodos le han hecho famoso. Para los que todavía no habéis oído su nombre, os lo presento brevemente. Eduardo Estivil es licenciado en medicina y cirugía, creador del fantástico y utilizadísimo método Estivil, que consigue que bebés aprendan a dormir solos sin molestar a sus papas en pocos días. ¿Y qué es lo que vende este señor? Pues algo muy ansiado para los que somos padres… vende paz nocturna. Siguiendo unos sencillos pasos que consisten básicamente en dejar llorar a nuestro bebé sin más y no consolarlo pase lo que pase, de repente éste deja de llorar por las noches y nos permite dormir plácidamente. Seguro que en este momento más de uno estará pensando en ir corriendo al corte inglés a comprarse el libro. Y no le culpo. La compra-venta de paz cuando se trata de bebés resulta ser un ítem más valioso que el oro. Queremos paz. Él libro ofrece un “método” efectivo que nos la vende. Y nosotros la compramos. El problema está en que no a todo el mundo se le ocurre preguntarse ¿A qué precio? El método es efectivo, sí. Ningún psicólogo se atrevería a decir lo contrario… pero en serio… ¿A qué precio? ¿De verdad alguien sigue pensando que dejar a un bebé de meses en una habitación oscura llorando desconsoladamente hasta que ya sencillamente no puede más y cae rendido por el sueño no tendrá ningún coste emocional posterior? Más de uno estará pensando que soy una exagerada y que él ha usado el método, le ha ido a las mil maravillas y su hijo/a es un niño/a estupendo/a. Probablemente. Aun así mi idea no debe quedar descartada por este hecho ya que, como todo… no es más que una combinación de genes y ambiente. Hay niños que sufren terribles abusos durante la infancia que posteriormente acaban siendo adultos emocionalmente sanos (con o sin ayuda profesional) y niños criados entre algodones en las mejores condiciones dañados psicológicamente de por vida. Sin embargo, creo firmemente que debemos intentar hacerlo bien ya que por mucho que los psicólogos seamos grandes expertos pegando jarrones rotos, todos sabemos (o intuimos) que el resultado jamás será el mismo. Y efectivamente la ciencia demuestra que esto es así. Lo aprendido (o no) durante determinadas etapas de la vida marcará el resto. Por desgracia, en el cerebro de un niño no existe la función de rebobinar.

Muchos psicólogos y médicos piensan como yo, hasta tal punto que hace dos años este señor hizo un amago de retractarse, diciendo que su método no era apropiado para niños pequeños y que es a partir de los tres años cuando resulta beneficioso aplicarlo. ¿Perdón? Ahora que su libro sobrepasa los tres millones de ejemplares vendidos (donde pone que es aplicable a los 6 meses), ahora que millones de niños han sufrido sus consecuencias y sus madres han acabado llorando a moco tendido por “no poder” atenderles… Ahora. Sí, ahora. Y ni siquiera se pronuncia en tono de disculpa… Si fuera una madre y hubiera tenido la desgracia de acabar con este libro en mis manos y además hubiera confiado ciegamente en su profesionalidad me sentiría, cuanto menos, estafada. Y me hubiera gustado oír de sus labios algo más que una ligera rectificación respecto a la edad de aplicación.

Sus libros se siguen vendiendo pero afortunadamente cada vez menos y ya no sólo se le conoce por su efectividad, sino casi más por la controversia que genera. En mi opinión el daño ya está hecho. Y siendo justos, tampoco vamos a otorgarle el mérito de ser el responsable de todos los males causados por estrictos métodos conductistas. Hay muchos como él. Lo importante es que la gente empiece a ser consciente de que “profesionales” hay muchos, y todos ellos escriben libros. Muchas veces (sobre todo cuando se trata de niños) vale más la pena seguir el sentido común y lo que nos dicte el corazón, que al profesional de moda.